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Roal Dahl en Relatos de lo inesperado

Conocemos a Roal Dahl (Llandaff, 1916 – Oxford, 1990) por su popular novela para jóvenes Charlie y la fábrica de chocolate, que en el 2005 Tim Burton llevó al cine. Aunque decir que Dalh era un autor de narraciones infantiles y juveniles, como se ha tratado de catalogar la obra de algunos escritores del género de aventuras, como la de Jack London (San Francisco, 1876 – Glen Ellen, 1916), por ejemplo, es algo que está muy lejos de lo que suelen ser las llamadas etiquetas literarias que acostumbran poner los editores. Los intereses de Dahl van más allá de lo que los ojos de la literatura pueden ver, y con estos Relatos de lo inesperado, como su título lo indica, se queda en el corazón del niño que fuimos, con el miedo y la aventura de volver a leer cada historia para dar paso a algo nuevo en nuestras vidas. No en vano el cineasta estadounidense, maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, convirtió estos relatos en episodios de una serie de televisión cuyo presentador era el mismo autor.

Asistimos, entonces, a la habitación de un hotel de Jamaica, tenemos el placer de observar cuántas veces puede fallar el encendedor del muchacho que apuesta su meñique contra el Cadillac de un hombre extraño. Las apuestas, en este libro, son actos cuyos resultados son los menos esperados. En algunas ocasiones el lector sale lesionado por el impacto narrativo que produce la obra de Dahl. Debemos retomar, entonces, cada espacio que nos da Dahl para respirar, para luego continuar con las demás historias, porque en este libro el ingenio malévolo se nos muestra en demasía y nadie, a excepción  de los personajes, puede dar fe de nuestras tragedias.

De cuando en cuando vamos a escuchar el eco de un hombre que se hospeda en un hotel de paso y se dirige hacia la única habitación que ha sido ocupada por el tiempo, y en el listado de huéspedes solo hay un par de nombres: forasteros que se hospedaron y nunca salieron del hotel. El hilo narrativo de estas historias nos lleva hasta un cuarto oscuro para escapar del miedo, pero ese miedo viene acompañado de la curiosidad de ver más allá de la puerta.

Los dieciséis Relatos de lo inesperado están cargados de intensidad narrativa que de cuando en cuando nos lleva a desenlaces imprevistos. Los personajes de cada cuento se llaman entre sí, pues si algo tienen en común, fuera de toda unidad temática, es el impulso malévolo y el humor negro con que están escritos. La fuerza de toda la maldad humana cabe en la prosa limpia de Dahl. Una fuerza que se nutre de la trama y de los personajes.

La advertencia está hecha. Nos vamos a meter a esa habitación  oscura, pero eso sí, antes de entrar debemos colgar en la puerta un cartel con esta memorable frase de Nathaniel Hawthorne: “Me metí a un calabozo y no encuentro la llave; y si la puerta estuviera abierta, me daría miedo salir”. Cada quien va a recordar el episodio de su vida que aún está por suceder.

Para leer edición completa en Carátula, seguir este enlace.

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