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Comentarios, reseñas y textos de ficción y no ficción.

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Sauce ciego, mujer dormida: Murakami

Sauce viejo, mujer dormida es un conjunto de cuentos del escritor japonés Haruki Murakami (Kioto, 1949) que publica la editorial española Tusquets Editores. El libro está compuesto por veinticuatro relatos en los que —verde por el follaje del sauce— se aprecia a una mujer dormida, el recuerdo de un hombre que viste de traje fúnebre para recordar a sus amigos, el acercamiento de un joven escritor  a una dama limpiavidrios, el eco de piezas memorables de jazz enfrentando al sueño, la vigilia, el amor en su mejor o peor estado de gracia, concurrido por entrañables personajes. Algunos relatos llegan a perturbar la mente del lector a tal punto que cualquier personaje de este libro puede ser cualquiera de nosotros. En el fondo de cada texto podemos sentir la huella indeleble de los escritores norteamericanos F. Scott Fitzgerald o Raymond Carver, a los que Murakami ha traducido al japonés y, sin duda, no deja de admirar, tal como admira la obra del argentino Manuel Puig, de quien se declara un admirador.

Desde el comienzo de su carrera literaria, Murakami ha alternado la escritura de novelas y cuentos; su método consiste en enfocarse de lleno en un solo proyecto de libro, ya sea de cuentos o una novela, de modo que cuando le entran las ganas de escribir un libro de cuentos su tiempo obedece a dicho proyecto; aunque bien puede darse el caso de que los dos géneros exijan un cambio para pasar de uno a otro, de ahí que la factura de estos cuentos merezca una lectura dedicada. A pesar de que algunos cuentos tienen un tema en común, cada uno puede leerse con independencia (y es exactamente lo que el autor pretende) de los otros, puesto que no forman una unidad definida claramente como los cuentos Después del terremoto, que aparecieron en Japón en el año 2000.

«Mis cuentos —cuenta el autor en el prólogo— son como sombras delicadas que he puesto en el mundo, huellas borrosas dejando mis pies (…). Los cuentos son como postes que indican el camino para llegar a mi corazón, y me siento feliz, como escritor, de poder compartir estos sentimientos íntimos con mis lectores».

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Roal Dahl en Relatos de lo inesperado

Conocemos a Roal Dahl (Llandaff, 1916 – Oxford, 1990) por su popular novela para jóvenes Charlie y la fábrica de chocolate, que en el 2005 Tim Burton llevó al cine. Aunque decir que Dalh era un autor de narraciones infantiles y juveniles, como se ha tratado de catalogar la obra de algunos escritores del género de aventuras, como la de Jack London (San Francisco, 1876 – Glen Ellen, 1916), por ejemplo, es algo que está muy lejos de lo que suelen ser las llamadas etiquetas literarias que acostumbran poner los editores. Los intereses de Dahl van más allá de lo que los ojos de la literatura pueden ver, y con estos Relatos de lo inesperado, como su título lo indica, se queda en el corazón del niño que fuimos, con el miedo y la aventura de volver a leer cada historia para dar paso a algo nuevo en nuestras vidas. No en vano el cineasta estadounidense, maestro del suspenso, Alfred Hitchcock, convirtió estos relatos en episodios de una serie de televisión cuyo presentador era el mismo autor.

Asistimos, entonces, a la habitación de un hotel de Jamaica, tenemos el placer de observar cuántas veces puede fallar el encendedor del muchacho que apuesta su meñique contra el Cadillac de un hombre extraño. Las apuestas, en este libro, son actos cuyos resultados son los menos esperados. En algunas ocasiones el lector sale lesionado por el impacto narrativo que produce la obra de Dahl. Debemos retomar, entonces, cada espacio que nos da Dahl para respirar, para luego continuar con las demás historias, porque en este libro el ingenio malévolo se nos muestra en demasía y nadie, a excepción  de los personajes, puede dar fe de nuestras tragedias.

De cuando en cuando vamos a escuchar el eco de un hombre que se hospeda en un hotel de paso y se dirige hacia la única habitación que ha sido ocupada por el tiempo, y en el listado de huéspedes solo hay un par de nombres: forasteros que se hospedaron y nunca salieron del hotel. El hilo narrativo de estas historias nos lleva hasta un cuarto oscuro para escapar del miedo, pero ese miedo viene acompañado de la curiosidad de ver más allá de la puerta.

Los dieciséis Relatos de lo inesperado están cargados de intensidad narrativa que de cuando en cuando nos lleva a desenlaces imprevistos. Los personajes de cada cuento se llaman entre sí, pues si algo tienen en común, fuera de toda unidad temática, es el impulso malévolo y el humor negro con que están escritos. La fuerza de toda la maldad humana cabe en la prosa limpia de Dahl. Una fuerza que se nutre de la trama y de los personajes.

La advertencia está hecha. Nos vamos a meter a esa habitación  oscura, pero eso sí, antes de entrar debemos colgar en la puerta un cartel con esta memorable frase de Nathaniel Hawthorne: “Me metí a un calabozo y no encuentro la llave; y si la puerta estuviera abierta, me daría miedo salir”. Cada quien va a recordar el episodio de su vida que aún está por suceder.

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Memorias del agua, de Francisco Ruiz Udiel

Memorias del agua es el segundo poemario del desaparecido poeta nicaragüense Francisco Ruiz Udiel (1977-2010), cuyos textos ahondan en temas ontológicos recurrentes. En este libro vemos a un niño jugueteando con el agua, con la memoria del olvido, que juega a sentirse adulto para ver a través del reflejo del agua al hombre en que Francisco se ha convertido.

El libro está dividido en tres secciones: Signos del agua, Último infierno y Despertar del agua. En la primera cada poema va configurando y descifrando lo que el agua en sí materializa en el ser humano, cuya pesadumbre (¿consciente?) viene cargada de los restos de un ser que solo en el agua reconoce su rostro para olvidar a su padre, “al amigo que antes de morir / plantó una semilla en el fondo de una botella”. La segunda sección, a través de breves relatos que preceden a los poemas, nos muestra el escenario de sus vicisitudes; donde la arena, la roca, el reencuentro, la hierba y el tiempo median entre cada acto que se aventura a cometer el lector. Despertar del agua es un llamado al hombre para que despierte del agua, de lo que en la anterior sección aconteció: Tardes de lluvia que se vuelven veranos, y poemas escritos sobre el agua, por mencionar algunos ejemplos.

“Al agua en sí —nos dice Francisco—, / su sustancia, no es a quien tememos”. Hay en este libro la mirada de un niño perdido que se acerca a la fuente para abrazarse a sí mismo. Ya no es sino la soledad del otro la que se muestra, ni el otro que respira a través de él, sino Francisco bebiendo del agua de la poesía, la sustancia transhumana: “Llo-ver es la imagen doble de sí, del yo en el filo de la vida, es verse a uno mismo en la tristeza del agua”.

Si con Alguien me ve llorar en un sueño, su primer libro, Francisco persigue la sombra de los álguienes, guiado siempre por Andrés, su alteregocon Memorias del aguase rencuentra con el mayor de sus temores: la infancia. Le toca alejarse de sí mismo y perseguir al hombre que solo en el agua puede descubrir su rostro. Nos muestra el camino al reino de su infancia y el de la memoria, derramándose sobre el papel.

Este es un libro que perdurará en la memoria de sus lectores. Su lectura puede influenciar en demasía. Detrás de cada gota de agua está la sombra de un niño que camina en silencio por la Calle Clavel. ¿Qué más puede pedir la poesía nicaragüense de este siglo?

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El diablo sabe mi nombre de Jacinta Escudos

«En las tardes de calor me convierto en cocodrilo». ¿Qué es esto? Un cuento. Sí. Un cuento, y otro cuento, y ésta frase  (la primera línea de lo que acaban de leer) es el inicio del cuento «Yo, cocodrilo»  que forma parte del libro de relatos «El diablo sabe mi nombre» de la escritora salvadoreña Jacinta Escudos, que publica la editorial costarricense Uruk Editores, en su colección «Sulayom».  La obra de esta escritora salvadoreña contempla diversos géneros literarios, que van desde cuentos, poesía, crónica y ensayo; fue merecedora del I Premio Centroamericano de Novela “Mario Monteforte Toledo” con su novela A-B Sudario que posteriormente la editorial Alfaguara publicó en el 2003.

Si mi memoria no me falla, la primera vez que supe de Jacinta Escudos fue cuando leí un cuento suyo —que no recuerdo su nombre, por cierto— en la desaparecida  revista de creación literaria El ángel pobre, que dirigía a finales de los años noventa el escritor guatemalteco-nicaragüense Franz Galich, autor de la novela «Managua Salsa City». En esa ocasión Jacinta Escudos publicaba un cuento y contaba de cómo ese texto sobrevivió al comentario crítico del escritor Sergio Ramírez cuando ella se encontraba en un taller con el autor de La fugitiva. El cuento resistió, según creo recordar el comentario de Escudos, a más de una revisión, y no me extrañaría que ese cuento se encuentra entre las sombras de los catorce relatos que integran este libro, escritos entre 1995 y 2003 por diferentes ciudades, entre ellas Managua, Lagenbroich y San Salvador; los escenarios  son difícil de identificar, salvo Francia y Alemania donde la autora se le adelanta al fracasado profeta y mal entonado empresario Harold Camping, en un cuento que se titula «Días del fin»: “Las cosas están ocurriendo con la suficiente lentitud como para que todos tomemos conciencia de lo que está pasando: el fin del mundo ha comenzado”.

Me remito a esta experiencia, porque desde que leí el primer cuento de este libro vino a mí la sombra de Borges a como vino la historia de ese cuento que publicaba la ya mencionada revista. Los cuentos aquí reunidos comparten el común interés de abordar el doblaje de la subsistencia humana, expresado con el dominador “borgeano”  de la “pluralidad del yo y de las múltiples temporalidades” que adquiere un registro subjetivo del relato. Los personajes (en su mayoría mujeres) experimentan transformaciones, como la de una mujer convertida en hombre tras haberse enamorado o un hombre que se empareja con los insectos. 

Se trata, en resumen, de un plato textual exquisito de una escritora que deja entrever que (a pesar de que existan pocas editoriales internacionales interesadas en publicar a escritores de la región) en Centroamérica se sigue intentando escribir buena literatura después de leer a Tito Monterroso o a Rodrigo Rey Rosa.

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Bajo una luz marina de Raymond Carver

Este texto empieza con el siguiente verso: «La vida de cada hombre es un misterio». Su autor, Raymond Carver (1939-1988), es un hombre fatigado por el tiempo o por la época que le tocó vivir; sin embargo, a pesar de carecer de oportunidades y de presentarse como un escritor autodidacta, Carver imagina que el tiempo que perdió esa mañana, cuando escribió «Lectura», es el mismo que encuentra cuando se sienta a escribir, despojado de lo cotidiano para convertir algo sencillo en algo extraordinario.

La vida de Carver es una vida dividida en dos partes. La primera cuando nace, en 1939, en Clatskanie, Oregón, y el transcurrir de su infancia en medio de las mudanzas que van dejando trozos de amigos por los lugares que va transitando junto a su familia; el reiterado abandono de su padre, deudas y diversos oficios que sustentan su esmirriada economía personal. Esta etapa termina cuando Carver cumple los dieciocho años.  Una edad decisiva. Una edad en la que se privó de todo menos de su gusto por la literatura. La segunda etapa, la más importante —según el propio Carver—, llega en 1977 cuando deja el alcohol y conoce a la poeta y escritora Tess Gallagher, quien sería su última compañera de vida, a quien Carver motivó para a escribir historias, tratando de alejarla de lo que muchos editores acuñaron como «realismo sucio».  A pesar de llevar escribiendo muchos años atrás, es en esta etapa que aparece ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?, el libro que lo consagraría como uno de los mejores escritores de su generación.

Bajo una luz marina, el libro con el que me vuelvo a encontrar con Carver, fue la primera muestra personal de su obra poética —hasta ese entonces— que apareció fuera de Estados Unidos, y en la que el propio Carver se da a la tarea de hacer una exquisita selección de dos libros (Where Water Comes Together with Other Waters Ultramarine) aparecidos en ediciones de muy escasa difusión.

Estos son poemas autobiográficos, donde la celebración del amor por la literatura es llevada a la máxima expresión lirica, a pesar de que su estilo narrativo sea conciso, seco y puntual, pero es con esa misma puntualidad con la que Carver nos describe cada línea del instante en que se sienta a ver frente a la ventana cómo la vida pasa frente a sus  ojos sin que ésta pueda ver al hombre que con palabras precisas escribe sobre ella.

Publicado originalmente en Carátula, para leer edición completa, seguir este enlace.

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Mar gruesa con Martin Amis

Leí por primera vez sobre Martin Amis cuando buscaba en donGoogle un libro de Georges PerècLa vida: instrucciones de uso. Un libro de difícil clasificación porque además de que objetos y personas convergen en el mismo lugar, es un libro que no cabría fácilmente en los catálogos editoriales por su estructura narrativa. Eso ya más de dos años. Pero volviendo a Martin Amis, recuerdo que el primer libro que leí fue El libro de Rachel, publicado también por Anagrama y que por falta de dinero y de no encontrarse en las librerías del país me vi obligado a descargar e imprimir una edición pirata personal. En ese libro, con el que Amis debutó como un “brillante novelista”, rinde cuentas de sus lecturas e historias personales a través de Charles Highway, que a falta de una identidad propia se inventa una a través de la escritura de esta novela, contando cada situación que lo va asaltando casi a sus veinte años. 

Mar gruesa está compuesto por nueve relatos que fueron escritos en diferentes años, y publicados en revistas como Granta, New Yorker, New Statement, entre otras. Siempre vuelvo a leer (por el obvio interés de retratar las dos caras de la moneda en la literatura) Un peldaño en la carrera, donde Alistair, el personaje principal, intenta colocar un guión en una efímera revista, mientras Luke, el escritor de los premios y los aplausos disfrazados de envidia, goza de buena fama y se aprovecha de ello a tal punto que no tiene que molestarse en negociar con los editores la publicación de su último Soneto (mal escrito, por cierto), porque para eso están los agentes literarios. 

En Mar gruesa, los personajes están claros de su existencia, porque las líneas y entrelíneas de la prosa de Martin Amis son lo bastante suficiente para crear historias no solamente dotadas de experimentos lingüísticos, sino de una manera descarnada en exponer (como en una galería de arte) su particular visión de las cosas. Un experimento donde convergen todas las categorías que encierran al hombre moderno, desde el llamado realismo urbano hasta el humor negro inglés del que muchos editores hacen solemne reverencia. Asimismo, Martin Amis se adentra a “un mundo al revés, en el que los poetas y los guionistas de Hollywood intercambian los papeles, o en el que los heterosexuales son los «raros», los marginales, y tienen sus revistas y sus clubs, y algunos asumen su condición” y la confrontan con la condición de los otros.

Nueve relatos, nueve historias, ninguna parecida a la otra, salvo por la destreza narrativa de su autor, que nos conducen a túneles habitados por el desenfreno de la vida y por lo que, a pesar de estar a la vista, todavía ignoramos: la muerte; pero la muerte insinuada por el hombre moderno y su entramado social.

Publicado originalmente en Carátula; para leer edición completa, seguir este enlace.

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Que nadie apague las luces al salir (Homenaje a Ulises Juárez Polanco)

Ha pasado el tiempo, son muchos los recuerdos, quizás convenga clasificarlos por aquellos que persisten en la memoria de esos adolescentes que fuimos; de esos veinteañeros que iban y venían de un lado a otro con el fin de hacerse de un lugar en un país desheredado de Patria y Tradición.

Pero el Ulises que se me viene a la mente es aquel muchacho risueño y devoto de la prosa de Borges, de los poemas de Waldo Leyva. Recuerdo escuchar muchas veces los poemas de Leyva en su carro. Decía que uno de su favoritos era Definitivamente jueves, y que le parecía extraordinario la manera en que el poeta leía sus poemas; su forma de presentarse y la parsimonia con que se dirigía al público. Cuando me lo confesó, viajábamos de Managua a Masatepe para conversar con la viuda de Beltrán Morales, para un homenaje que la revista El Hilo Azul, de la cual fue editor fundador, preparaba para el autor de Sin páginas amarillas. Yo no tocaba ningún instrumento en esa orquesta. Pero Ulises, siempre amable y cortés con los suyos, me invitó a acompañarlo y a husmear entre los libros de Beltrán Morales resguardados en la biblioteca de la Fundación Luisa Mercado. Continue Reading

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Los héroes tienen sueño

Rafael Menjívar Ochoa (San Salvador, 1959–2011) tendría unos treinta y un años cuando escribió Los héroes tienen sueño, un relato que narra la crisis personal y delictiva de una banda de policías que se dedica a hacer favores sucios a funcionarios mexicanos.

En esta novela, Menjívar Ochoa nos enfrenta al mundo descarnado del crimen organizado, amparado por la autoridad policial y las fichas políticas del partido de gobierno de ese entonces. La novela se desarrolla en Ciudad de México, tomando como referencias algunos lugares de esa ciudad, como el Río Lerma, pero en la novela es una casa de prostitutas. Esta novela está considerada una “novela policial”; el autor no nos cuenta quiénes son los personajes, nos los muestra, nos lleva hasta los últimos rincones de sus interioridades, y pese a considerarse una novela de este género, podría decirse también que es una novela sobre la vida y la muerte: “los que se mueren y los que matan”. Continue Reading